En ocasiones nos encontramos niños o niñas que protestan por todo y no saben disfrutar de las cosas, cuando un niño es protestón, entra en una dinámica de quejarse por todo: por levantarse, por la comida, la ducha, los deberes, etc.

Ante esos casos debemos de trabajar desde la extinción (aprender a reforzarles cuando estén mostrando las conductas que queremos instaurar, es decir, estar con ellos y reforzar y premiar a los pequeños mientras se portan bien y no prestarles atención cuando están realizando conductas no apropiadas o llamadas de atención que queremos que desaparezcan). En este caso el objetivo es claro cortar sus quejas.

- No razonar con ellos para convencerles de lo que vamos a hacer; eso lo hacemos ante algo esporádico, y no cuando la protesta se ha convertido en parte de la rutina diaria.

- Tenemos que ser contundentes y claros y advertirles que cuando protesten no les haremos caso. Con la queja están manifestando una llamada de atención que en absoluto queremos reforzar.

- Nunca preguntadles cuando vayáis a dadle una orden, es decir, ¿quieres ir a la ducha? ¿quieres cenar? Sustituidlo por un mensaje en plural, firme contundente y claro como se ha mencionado en el párrafo anterior, por ejemplo: “Manuel vamos a la ducha” “Javier vamos a cenar”.

- Nunca ceder por miedo a una rabieta o enfado del niño. Con dicha actitud se agrava más el problema.

Hasta la semana que viene familias.

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