Hola familias. ¿Quién no ha pillado a su hijo/a diciendo una mentira aunque haya sido piadosa? Esta semana os vamos a comentar las causas, motivos y como se pueden corregir dichas conductas.

En primer lugar pueden ser por llamar la atención, inventar una dolencia, falsear sobre un posible problema. El pequeño emplea estos embustes para captar la atención del adulto, en ocasiones, porque se siente desatendido.

En segundo lugar un exceso de exigencia. Poner el listón muy alto a los niños puede provocar que mientan para hacer creer a sus padres que están al nivel que les exigen y no defraudarles.

También por Imitación. Un menor que ve como la mentira es utilizada por los adultos para obtener algún beneficio tiende a imitar estos engaños.

Y por supuesto miedo al castigo. El temor a la reprobación o reprimenda por parte de un adulto es uno de los principales motivos de la mentira infantil. Los pequeños falsean la realidad para evitar los posibles castigos.

Y también porque No me gusta como soy. A veces, ocultar la verdad es una manera de evadirse de la realidad. Suele suceder cuando no se siente a gusto consigo mismo o con lo que le rodea y prefiere inventarse un yo o una vida que responde a sus deseos. Puede ser el caso, por ejemplo, del niño que cuenta que ha sido el que más goles ha metido durante el recreo cuando, en realidad, se siente rechazado por sus compañeros por su poca destreza en el deporte. Este tipo de mentiras funcionan como voz de alarma sobre algunos aspectos de la vida del niño que le causan malestar. La solución pasa por reforzar su autoestima y ayudarle a integrar correctamente su mundo.

Los especialistas e investigaciones realizadas sobre la mentira infantil recalcan que uno de los factores de prevención principales de la falsedad a cortas edades es la actitud que muestren los padres con respecto a esta. Y que empiezan a ser conscientes de sus mentiras a partir de los 30 meses y concretamente a los 3 años.

Como podemos atajar las mentiras:

El niño necesita conocer que mentir es negativo. Cuando el pequeño miente, no hay que señalarle solo la conducta inadecuada que supone el embuste. También hay que incidir en el efecto que su embuste tiene sobre los demás y las consecuencias que ha podido provocar. Si lo hacemos y lo pueden ver con cuentos mejor.

Los consecuencias  deben ser bien medidos y adecuados a cada falta. Si siempre son demasiado severos, la tentación de no decir la verdad para evitarlos será mayor.

Reforzar la autoconfianza del niño para evitar que mienta con el fin de buscar la aprobación de sus compañeros o de otros adultos.

No mentirle ni pronunciar falsas promesas que se sabe que no se pueden cumplir. No hay que dar un ejemplo erróneo sobre la mentira.

Darle la oportunidad de ser sincero, aunque esto implique una consecuencia. Los padres deben reforzar la valentía que muestra al decir la verdad.

No reírse ni admirar nunca las mentiras del niño, aunque parezcan graciosas. Los pequeños no deben apreciar ningún tipo de aprobación o reconocimiento ante un embuste.

Los padres suelen mentir ante preguntas difíciles de su hijo, que no saben responder. La pauta es evitar la falsedad y responder mejor con "no lo sé" o "déjame que lo piense"

 

Hasta la semana que viene familias.

 

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